No creer es más fácil que creer. Porque creer implica tomar partido. En una relación, en la política, donde sea, creer es elegir algo y dejar de lado lo demás. Si elegís a un tipo (o a una mina) vas a tener que tolerar sus defectos y sacar la cara por esa persona si hace falta. Si no creés, podés sacar a relucir los defectos de todos, total, no estás casada/o con ninguno...
En política también es más fácil. Decir que todos son una mierda no te obliga a defender a nadie, a encontrar argumentos para decir por qué creés en este y no en cualquiera de los otros. Es como decir las minas son todas iguales o los hombres son todos unos pelotudos.
Es fracasar y echarle la culpa a los demás de tu fracaso.
Está bueno adherir a una opción política. Encontrarle virtudes y ver cómo se podrían remontar los defectos. Da alegría porque implica pensar que las cosas pueden seguir mejorando.
Si pensamos que las minas son todas iguales o los hombres unos pelotudos nos resignamos a estar solos para siempre.
¿Esos serían los niños ricos que tenían tristeza? Pobres...
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